Las tres personas estuvieron mirándolo unos cinco
minutos. Eran dos hombres y una
mujer. Ella estaba en el medio de los dos hombres. Todos eran rubios y los varones estaban peinados para atrás. Los
tres tenían la misma altura, un metro setenta o setenta y cinco, y vestían de igual manera:
buzos enterizos color gris plomo muy ajustados al cuerpo, botas tres
cuartos color amarillo y guantes largos del
mismo color. No tenían cinturones, ni armas, ni cascos,
ni nada más.
Sus rostros no se diferenciaban del de los humanos,
pero tenían frente muy despejada y ojos rasgados,
un poco saltones; semejantes a los personajes de historietas. Hablaban
entre ellos en un lenguaje
incomprensible; no empleaban
vocales y sonaba
“como una radio mal sintonizada, con chillidos y zumbidos”. Uno de
ellos tomó del cuello de la campera a Llanca y lo alzó con firmeza, pero sin violencia. Mientras el que lo había
levantado lo sostenía, el otro individuo masculino le puso un pequeño aparato en la base del dedo índice de la mano
izquierda. Se lo aplicaron unos
segundos, sin dolerle. Cuando se lo retiraron, tenía dos gotas de sangre en el dedo. En ese momento dice
haber perdido el sentido, cree haberse desmayado.
El protagonista despierta, se encuentra tirado junto
a unos vagones, dentro de los corrales
de la Sociedad Rural de Bahía Blanca, exactamente a nueve kilómetros seiscientos metros del punto donde se
produjo el encuentro. Caminó sin rumbo preciso,
aunque siguió la ruta. No recordaba ni su nombre, ni el episodio, ni el camión, ni su domicilio, sin embargo,
calcula con exactitud que eran las tres de la
madrugada, advirtiendo además que había extraviado su reloj. Estaba
mareado y tenía frío.
Fue entonces a la comisaría
1ª de Bahía Blanca, balbuceando frases incoherentes
respecto al problema que había tenido. Como el personal policial no quería perder tiempo tramitando su
detención, dado el aparente estado de ebriedad
en que se hallaba, no le dispensa mayor atención.
A las 7,30 horas Llanca ingresó al Hospital de Bahía
Blanca y recién al día siguiente
parece haber recordado lo sucedido, notando que además del reloj, le faltaba
el encendedor y los cigarrillos. No obstante, en el bolsillo
del pantalón conservaba el dinero que llevó al salir.
Preguntó por su camión y le dijeron que la policía
lo había encontrado estacionado sobre la banquina con el gato puesto y una goma lista para ser cambiada. En la guantera, intactos, estaban los documentos.
EL PERITAJE MÉDICO-PSICOLÓGICO
En la hoja 103 del libro de entradas de la guardia del hospital se lee: “Nombre:
N. N. Lugar del accidente: ruta Nro. 3, detrás de El Cholo. Causa: dice que
una luz muy fuerte lo encegueció, que era un plato volador,
y no recuerda más. Vio dos hombres
y una mujer muy rubios. Lesiones: traumatismo de cráneo, frente temporal
derecho con amnesia total”.
Dionisio Llanca es examinado luego por el traumatólogo y forense Ricardo Smirnoff, quien dice que el
sujeto “no presenta lesiones visibles, pero se resiste a que le toquen la cabeza, como quien tiene allí localizada una
profunda dolencia. Apenas son percibidas unas casi inadvertidas excoriaciones sobre el párpado izquierdo”.
En la tarde del día 29 se recupera y accede a
someterse al pentotal, intentando establecer así lo sucedido en esas horas. Sin embargo, se va del hospital y regresa a la casa de su tío, ubicada en la calle
Chubut al 1600. Preso de ansiedad por unas pesadillas
que afirma padecer, se dirige al psiquiatra Eduardo
Mata en busca de ayuda. Se
produce una segunda pericia a manera de internación sugerida por Mata, y esa noche, éste convoca a un grupo de
profesionales, médicos y psicólogos. Se le administran
algunos test y el camionero dibuja los extraños ocupantes del plato. Finalmente, se le practica un
electrocardiograma y el camionero vuelve a la casa del tío, con el compromiso de presentarse en el consultorio del médico
Mata en la noche del 6 de noviembre. Pese a lo convenido, no cumple con la cita y los
profesionales deciden llegarse
hasta su vivienda
de la calle Chubut. Dionisio
había cenado abundantemente y tomado unos vasos de la
providencial bebida que honra a su nombre
(Dionisos, dios griego del vino).
Esto impide que se le administre pentotal, pero, en cambio, se realiza la primera sesión de hipnosis.
El plantel estaba dirigido por Eduardo Mata y Eladio Santos. En esa primera sesión, muchas preguntas llevaban
implícita la respuesta de Llanca, quien habría
manifestado:
“Subo con los dos hombres por un rayo de luz. El piso
es como plomo, plateado, hay una sola
venta
na, redonda. Parece un barco. Hay muchos aparatos, muchos, hay dos televisores, una radio. En uno de
los televisores se ven las estrellas. Me habla
la radio, en castellano (español), y me dice que no tenga miedo, que son amigos, que vienen desde hace mucho
tiempo... No dijeron de dónde venían porque eso
era un secreto para ellos... Ellos han hablado con otros hombres de la Tierra desde el año 1950... Quieren
saber si podemos
vivir en la Tierra con ellos... Arriba
de una mesa tienen un encendedor, junto con el reloj y un paquete de
cigarrillos... La mujer se pone un
guante negro, con unas tachuelitas en la palma; se acerca, me toca... Caigo, caigo lentamente en un
potrero. Ellos me han dicho que volverán a buscarme
porque soy un buen muchacho... Siento frío. Llego a la ruta y empiezo a caminar... ¿Quién soy?, ¿quién
soy?”.
A esta primera sesión de hipnosis le sucederán otras
dos y una de pentotal. Todo lo dicho
por este único testigo y protagonista del suceso ha sido registrado en varias horas de grabación, pero reservadas. A
excepción de la primera, en cada una de las sesiones, el camionero parece
repetir exactamente lo mismo,
como un calco.
Sentado en el centro del recinto, Llanca dice haber
visto frente a él un instrumen- tal o
tablero. Tiene una palanca hacia su mano izquierda. Otra mira a través de esa mampara
vidriada, hacia donde se ve el firmamento estrellado, ubicado a la izquierda
del protagonista. Hay dos pantallas
también a su izquierda donde se observan
las estrellas de colores, que
él dibuja en trance. La mujer está a su derecha moviendo
otro instrumental en una
gran mesa y oficia de asistente.
Pasan unos minutos y por debajo del navío ve
desplegarse (NdR: ¿desde esa perspectiva?}
dos mangueras o cables flexibles, uno tomando contacto con el charco de agua
y el otro con un cable de alta tensión.
Posteriormente -siguiendo el relato del camionero- la
mujer se quita el guante de su mano
derecha y se coloca uno negro que tiene punzones en la palma, y al instante de intentar colocarlo en el temporal de Llanca, le pega en raro
movimiento en el arco superciliar izquierdo produciéndole al pobre testigo
un pequeño hematoma.
Luego lo coloca certeramente en la cabeza del protagonista.
Después de una hora, aproximadamente, se abren las compuertas del navío espacial y lanza un haz de luz, colocando
a Llanca con suavidad en el suelo de los corrales
de la Sociedad Rural, entre varios vagones estacionados, en las vías del Ferrocarril Roca.
Se le administran pruebas de capacitación, y en ellas
Llanca revela una aptitud mental muy
escasa. Una batería de test los toma en Bahía Blanca la licenciada en Psicología Nora
Milano, y los continúa en Buenos Aires el doctor en Psicología Héctor
A. Solari, indicando todos ellos una psique de nivel muy bajo,
sugiriendo que Llanca no sería capaz
de inventar, o narrar, por sí solo una historia tan compleja como la expuesta.
LA INVESTIGACION
El testimonio de Dionisio Llanca se sustenta
en que habría contado -bajo sugestión
hipnótica y narcoanálisis-, desde la segunda sesión, siempre la misma historia
y repitiéndola casi mecánicamente, aunque empleando un lenguaje limitado
y desprovisto de recursos expresivos.
Las circunstancias descritas, desde luego, no llegan
a configurar una prueba definitiva de la presunta
autenticidad. Por el contrario, sumados
a los datos obtenidos a
través de una indagación racional, han permitido elaborar unas hipótesis interpretativas del resonado caso de Villa Bordeu. Estas son algunas
de las consideraciones a tener en cuenta:
1.- Las declaraciones de D. Llanca indican que su
viaje a Río Gallegos estaba previsto
y que su tío Enrique Ruiz se hallaba enterado por anticipado del proyectado viaje. No obstante, éste niega dicha
versión y señala que no tenía conocimiento de
que su sobrino tuviere pensado hacer un viaje esa noche. Grande fue su
sorpresa al levantarse y hallar una nota que decía haberle
salido un viaje urgente, de improviso.
2.- Llama la atención que el lugar precisado como el
lugar del encuentro, y ulterior abducción,
sea frecuentado por camioneros que acostumbran pasar la noche allí, más aún los fines de semana. Curiosamente,
Llanca declara no haber detectado la presencia de persona alguna o
vehículo en el área.
3.- En la situación en que Llanca había “despertado”
fuera del camino, ignorante de quién
era, qué hacía, etc., recuerda a pesar de todo, que había perdido su reloj y que eran las tres de la mañana. En tanto,
Llanca parece haber caminado en estado de
confusión mental varios kilómetros hasta la ciudad.
4.- El médico Ricardo Smirnoff
manifestó su contrariedad por la desmedida
publicidad que se le había dado al caso, puesto que no estaba científicamente comprobado, estimando conveniente efectuar nuevas sesiones de hipnosis,
pues las mismas no fueron efectuadas
correctamente. Citó como ejemplo la cantidad de preguntas inducidas o tendenciosas que fueron formuladas en las distintas
sesiones.
Por su parte, el Dr. García
del Cerro -otro de los facultativos que intervinieron en esa primera investigación-, expresó tener
grandes dudas sobre el testimonio de D. Llanca,
aunque prefirió reservar sus motivos. La psicóloga Nora Milano coincide con Smirnoff al afirmar también que los
interrogatorios fueron mal llevados y que una
reconstrucción hecha bajo hipnosis, le dio “la impresión de haber sido ensayada”.
5.- Poniendo en relieve sus singulares dotes de
simulador, en ocasión anterior al suceso,
Llanca fingió ser mudo ante unos estudiantes de la Universidad del Sur, en Bahía Blanca, logrando que le costearan
varios almuerzos y desayunos. Se hallaba entonces
con una venda en la garganta y comenzó un diálogo mediante papeles escritos, haciéndoles saber de su
lamentable condición, mencionando haber sido
operado por un médico en el Hospital
Militar. Cuando los incautos estudiantes efectuaron algunas diligencias para localizar al galeno, el buen señor Llanca simplemente desapareció de escena. “Aparentemente,
dicho médico existía sólo en la
imaginación de Llanca”, expresó el joven Alberto Cordero.
6.- La noche del martes 3 de abril de 1974, recién llegado de Comodoro Rivadavia, Llanca apareció en un
restaurante ubicado entre las calles Thompson y Donado, de Bahía Blanca, manifestando en la oportunidad que “el
80% de lo que dijeron las revistas
era falso”. En tanto el médico García del Cerro afirmó que lo publicado se ajusta a lo
testimoniado por Dionisio
Llanca...
7.- La comisión policial halló abandonado el camión
de Llanca en el lugar indicado y las
huellas de sus neumáticos al apartarse de la ruta y detenerse en la banquina embarrada, así como algunas
huellas de pisadas que correspondían en su totalidad
a Llanca, pero ningún indicio
de la presencia de otros individuos en el sitio preciso.
8.- Según se afirmó en la oportunidad, esa noche se produjo un aumento desmesurado en el consumo de energía
eléctrica, cuando lo que ocurrió en realidad
fue un fallo en el suministro, originado por un cortocircuito en la
subestación de Ing. White, situada a
unos 25 km al este del lugar donde, presuntamente, el “ovni” había tomado contacto con los cables de alta tensión.
9.- En marzo de 1976 Dionisio Llanca estuvo en Buenos
Aires diciendo que había tenido un
nuevo contacto con los tripulantes del plato volador, quienes vendrían a buscarlo en unos días, en Monte Grande.
Nada se supo al respecto, pero sí que Llanca continuó
rondando por varios lugares del país, internado
durante algún tiempo en el Hospital Neuropsiquiátrico de Rawson,
Chubut.
10.- A pesar que el pretendido testigo fue
deliberadamente escondido en varias ocasiones “para no interferir en las
investigaciones”, de los estudios psicológicos sólo se informó que el sujeto acusaba un nivel de psique muy
bajo como para urdir semejante historia
(sic). Sin embargo,
lo que no se había revelado claramente es que esos test
indicaban sin lugar a dudas que Dionisio Llanca padece “una debilidad mental bien definida”
y “signos comiciales de una evidente
falta de sinceridad”.
11.- Trascendidas las conclusiones del estudio psicoclínico efectuado el 31 de julio de 1974, en Buenos Aires, por el
psicólogo Dr. Héctor A. Solari (M.N. 246), profesional interviniente, señalan que: “Las pruebas psicométricas y proyectivas confirman lo presupuesto en la entrevista clínica, D. Ll. presenta una personalidad de tipo epiléptica, con ciertos rasgos de índole histérica. Sus mecanismos de defensa
en cierto modo estereotipados son la negación y la represión. D. Ll. transita dentro de un círculo vicioso de
inseguridad y temor que alimenta, a su vez, su
agresividad y hostilidad hacia el medio ambiente, impidiéndole
establecer buenas relaciones interpersonales”. Y finaliza: “En cuanto a la investigación del hecho
ocurrido en Bahía Blanca, sin dudar o
no de lo relatado por D. Ll., en mi consideración el testigo no es hábil como tal”; aconsejando “a nivel asistencial, la posibilidad de encarar una terapia farmacológica y psicoterapéutica adecuadas”.
CONSIDERACIONES
FINALES
Debemos mencionar a las primeras investigaciones que
alertaron sobre la proba- ble
mixtificación del episodio, formulada por Daniel
Dimieri y Horacio
Alaimo, de Bahía Blanca; y
a la más reciente realizada por Guillermo
Roncoroni, de Buenos Aires,
las cuales han permitido -en ambos casos- ampliar y corroborar aquellas sospechas.
Lo expuesto hasta aquí se constituye, pues, en prueba
suficiente para descalificar al único
testigo y protagonista del caso y, como consecuencia reducir a la minina expresión
la fiabilidad del testimonio ofrecido.
A pesar, hemos de considerar seguidamente tres
aspectos fundamentales de la investigación, de los que pueden desprenderse algunas hipótesis explicativas:
a) La lesión cerebral: En el primer informe que hemos
publicado denunciamos que Dionisio
Llanca tenía una lesión cerebral que jamás había sido revelada por quienes abordaron el caso apenas ocurrido.
Ante nuestra inquisitoria, se nos adujo que
“¡fueron los extraterrestres quienes se la produjeron con el guantazo!”. Sin alcanzar a comprender cómo era posible que
semejante aspecto de la investigación no fuere
considerado, hasta silenciado, sólo se adujo
que “este tema es también muy difícil de encarar...” (¿!), agregando que tal lesión, en el lóbulo temporal
derecho, se produjo
en extrañas circunstancias (2).
Sin embargo, no hay indicios
firmes de que la lesión haya sido provocada (pudiendo ser congénita) y, menos aún, por
los ocupantes de la nave. Si se pretende explicarlo de este modo, recordemos que el hematoma
que supuestamente le ocasionaron
a Llanca se encontraba en el arco superciliar izquierdo, en la zona del lóbulo frontal, y difícilmente pudo haber repercutido sobre el temporal
derecho, situado en otra región craneana. En cambio, la versión que aporta Roncoroni señala que
se trataba de una lesión cerebral
cruzada localizada en el lóbulo occipital, remitiéndose al testimonio que habría ofrecido uno de los facultativos. A
ese respecto, hemos de describir los signos
fundamentales de las lesiones localizadas en esta área. Tales lesiones suelen provocar trastornos de tipo
visual, tales como alucinaciones visuales de centelleos, bolas o puntos luminosos. Al lado de los sensovisuales existen alteraciones psicovisuales cuando se afecta, en
particular, la cara externa del lóbulo
occipital. Se origina entonces una ceguera psíquica: el sujeto ve a los
objetos, pero no los identifica. La
presunción de este síndrome en Dionisio Llanca se muestra llamativa y propondría un replanteo sobre la generación de los hechos.
b) El coeficiente intelectual: Otro de los factores que
respaldan ese argumento es el grado
de inteligencia, o coeficiente intelectual (CI) pobrísimo que presenta Dionisio Llanca: se encuentra en el límite de la
deficiencia mental.
Lo importante por destacar es que, cuanto menor es el
CI, menos confiable ha de ser la
opinión del sujeto, porque el juicio o valoración sobre los objetos y
situaciones (la realidad perceptual)
son apreciados y comprendidos por él a través del prisma de su capacidad intelectiva. De ahí que se
admite científicamente que el individuo con bajo coeficiente es proclive a la fabulación, al situarse más distante de la realidad
que lo circunda.
En tal sentido, es probable que D.
Llanca acuse un nivel intelectual muy bajo como para urdir conscientemente y por sí
solo semejante historia. Pero lo más notable sea quizá que un sujeto con tal dotación mental,
jamás habría podido
observar y describir tan abundantes y ricos detalles de su experiencia.
Caben estas explicaciones para la aparente
incongruencia:
l. la inducción de situaciones imaginarias -consciente o inconsciente- mediante
la técnica de introyección
psíquica por parte de otras personas,
antes o durante las pruebas hipnóticas. Al parecer, es factible crear en la psique de un
individuo una historia que tendrá que
contarse de nuevo únicamente en estado hipnótico. Por ejemplo, por “inducción psíquica” a través de medios audiovisuales
(un “buen dibujante” que construyó una secuencia
gráfica del suceso, pudiere haber ayudado a fijar en la mente de Llanca lo que luego habría descripto o repetido).
2. la creación
de fantasías oníricas, exclusivamente en el ámbito del testigo. Es posible que Llanca tuviere un paroxismo parcial,
conforme a lo que revela el psicodiagnóstico
anteriormente citado (punto 11, personalidad de tipo epiléptica, etc.), de características sensitivas e ideativas. O bien, que Llanca haya sufrido inicialmente un trastorno visual
provocado, quizá, por un golpe accidental mientras cambiaba la rueda al momento de observar “la luz amarilla que avanzaba por la ruta”, cuyo origen pudo ser los faros de
un automóvil. Víctima de un estado de profunda
confusión mental, fue presa de sus propias fantasías y temores, y de las ajenas,
con la añadición y deformación de toda una historia con extraterrestres.
c) Hipnosis y narcoanálisis: Lo que ha procurado darle fuerte
sustentación al incidente fueron las declaraciones de Dionisio Llanca hechas bajo hipnosis y pentotal
que, como la ciencia lo afirma, son de acuerdo a la verdad concebida por el sujeto, ya que difícilmente (aunque no es
imposible) se podría mixtificar bajo sus efectos.
Así es como en muchos casos refleja la realidad de los acontecimientos, pero no
siempre. Precisamente, uno de los factores que estimulan la
creación de fantasías oníricas es
este tipo de pruebas. Incluso, parece probable que quienes presentan lesiones como las descritas y, todavía, con un bajo
coeficiente (CI), se encontrarían más propensas a alucinar objetos y situaciones.
A esto debe sumarse también que para la realización
de las pruebas se han empleado
algunos especialistas vinculados previa y favorablemente al tema ovni, lo que implica un convencimiento de los
propios hipnólogos a través de sus deseos o convicciones.
Quieren de este modo un resultado afirmativo e inducen la respuesta. Asimismo, cualquier persona sometida a una
presión psicológica a cargo del agente, por zafarse
de esa presión, puede narrar hechos que nunca ha visto o experimentado.
Por las razones
apuntadas, las confesiones o declaraciones efectuadas bajo hipnosis no son válidas
en ningún tribunal,
como tampoco lo son las que se producen estimuladas por cualquier tipo de drogas
(pentotal, thionembutal, etc.).
En suma, el valor de las drogas y pruebas hipnóticas
ha sido muy discutido, pero se admite
que en ese estado inconsciente no hay garantía de que lo afirmado por el sujeto sea cierto,
pues es muy frecuente que se trate de un delirio oniroide,
en el cual el individuo habla de lo que desea o teme que haya sucedido, más de
lo que en realidad ha pasado.
Por consiguiente, con el peso de los datos
disponibles, creemos que ya no será posible seguir afirmando que el testimonio de Dionisio Llanca respecto al caso de Villa
Bordeu puede sostenerse..
Anexo
De Hilary Evans: El episodio
ocurrido en la madrugada del 28 de octubre de 1973, en Villa Bordeu, ha sido ampliamente difundido a través de
periódicos, libros y revistas especializadas. El interés despertado condujo al excelente
investigador inglés Hilary
Evans a formular algunas reflexiones que estimamos de gran valor por su agudeza crítica. Las mismas nos las
hizo llegar su autor el 5 de enero de 1988, antes
de la publicación de su libro The Myth
of Exttaterrestrial Visitation. He aquí lo que nos dice:
El caso de D. Llanca constituye un despliegue de
muchas de las características grotescas
y paradójicas de los encuentros con abducciones. Esta experiencia tiene lugar cuando está solo, en un lugar
aislado, a la noche tarde. Nadie más ve la nave espacial luminosa y brillante, con excepción del testigo que es
llevado a bordo, y de retorno a la
Tierra. Lo que los abductores le dicen a Llanca es plausible, pero apa- renta adecuarse de manera muy escasa para
justificar la visita de los seres. El mensaje
de éstos es como una repetición de aquellos mensajes de casi cualquier visitante extraterrestre. Las razones de
los seres para elegir a Llanca son apenas convincentes.
Al mismo tiempo,
no puede caber la duda de que algo extraordinario le ha ocurrido. Nosotros podríamos rechazar
su historia sobre la base de su improbabilidad, pero no podemos
desaprobarla, ni tampoco
ofrecer una historia
alternativa en términos de que Dionisio haya podido sufrir un ataque de
ladrones (él tiene una considerable suma de dinero que lleva consigo y que aparece intacta en el momento en que llega al hospital; su camión no ha sido tocado, y sus documentos están
todavía en la cabina del vehículo). Es una
situación estancada, sin salida.
En consecuencia, ¿cómo puede encajar el incidente
Llanca con nuestros tres modelos explicativos?:
El modelo de educación
cósmica (n: L.
Sprinkle) no parece adaptarse al caso de modo alguno. Llanca no se transforma de ninguna manera en un
ciudadano cósmico después de su
aventura y no hay diferencia con su personalidad anterior; él es simplemente una persona planetaria aturdida y conmovida.
¿Podría ser un sistema
de control responsable de lo que podría convertirse en un plan más grande
de manipulación por parte de alguna fuerza
que esté utilizando a los platillos
volantes como una cobertura con fines que sean menos claros? Es difícil apreciar en qué cuantía la experiencia de
Llanca podría formar parte de un plan más vasto.
Si sus abductores son pseudo-entidades que están desempeñando el rol de una mascarada elaborada, alguien parece
haberse metido en grandes dificultades con el fin de no haber logrado nada; cualquiera podría haberse puesto razonablemente metas por lograr.
¿Explica el modelo de psicodrama el caso un poco mejor? Existen
muchas explicaciones de que
algo de este tipo está teniendo lugar. La amnesia de Llanca y su subsecuente recuerdo constituyen
efectos mentales, y supone un origen mental:
Mientras dichos efectos
pudieren haber sido impuestos sobre Dionisio por sus abductores, es más probable
que los efectos sean el resultado de un proceso
psicológico.
Las contradicciones
e inconsistencias se adecuan mejor a la idea
de que el incidente es una fantasía fabricada:
□
Si sus abductores están dispuestos de una manera tan
amable, ¿por qué lo arrojan a él en
el campo, en unos corrales, en las primeras horas de la madrugada, luego de lo cual tiene que salir a
tropezones y sin ayuda alguna hacia la ruta? ¿Cuál es la causa por la que ellos no lo llevan de vuelta al camión en
donde tendría algún tipo de seguridad?
□ El rayo de luz que lo transporta junto a sus captores
a la nave espacial es simultáneamente
tradicional del folclore y una característica recurrente de la ciencia- ficción;
en otras palabras, un ítem de
la fantasía arquetípica.
□ Los seres
se comunican con Llanca a través de la telepatía, pero entre ellos lo hacen en
lenguaje oral.
□
Aunque fuese la última moda en su planeta de origen,
es poco probable que un viajante
espacial de sexo femenino usara su cabello pendiendo libremente hasta la mitad de la cintura. El ser abductor de
Llanca parece pertenecer más a un filme de Hollywood
que a un encuentro ocurrido en la vida real.
□ Existe una
insistencia curiosa acerca del color amarillo: el incidente comienza con una luz amarilla, y los tres seres
utilizan botas amarillas y guantes amarillos. La mitad superior de la nave es de un vívido color amarillo, y él
ve todo lo que le ocurre durante el
incidente contra un fondo amarillo. Una posible inferencia podría ser la luz amarilla
brillante la que genere y, literalmente, dé color a
toda la historia.
□
Llanca se ve totalmente desequilibrado a causa de su
experiencia. Sale con una chica,
luego la abandona, como al vecindario donde vive. Cuando la muchacha se contacta con la familia de Dionisio, sus miembros le manifiestan a ella que no quieren tener más relación con él. Los investigadores se enteran
que él sufre una lesión cerebral
que podría favorecer
la formación de alucinaciones bajo circunstancias apropiadas. ¿Tenía la lesión antes del incidente? ¿La adquirió durante el incidente, o durante
el tratamiento subsiguiente?
Roberto Banchs, uno de los investigadores más relevantes de la Argentina, especula que el encuentro de Llanca podría activar esta fantasía, o proceso imaginativo, quizá por un estimulo externo
-la luz amarilla-, la cual actúa sobre un cerebro afectado
por una lesión, propensa a activar experiencias de tipo sensoperceptivas, alucinatorias: estas
experiencias adquirirán una forma a través de
lo que el camionero de ideas simplonas había adquirido en el terreno de
las ideas acerca de las visitas
extraterrestres. Los elementos básicos para la fantasía existen en abundancia en la Argentina
y, del mismo modo, en todos los países latinoamericanos; existe una rica
literatura de visitas extraterrestres que se extiende desde lo serio hasta lo sensacional, y la prensa alimenta a sus
lectores con una fuente de historias de contenido altamente
dramático acerca de experiencias extraterrestres en una medida desconocida
en otra parte del mundo.
Hilary Evans, Londres
Referencias
(1) Banchs, Roberto. “Affaire Llanca: El gran fraude”, en rev. Stendek, N° 34, ps. 2/8, Barcelona, diciembre 1978. Banchs, Roberto. “'Más (y punto final) sobre el affaire Llanca”, en rev. Stendek, N° 43, ps. 25/26 y 45, Barcelona, marzo 1981.
(2) Zerpa, Fabio. “El encuentro más estudiado”, en rev. Mundo Desconocido, N° 35, ps. 56/59, Barcelona, mayo 1979; y Cuarta Dimensión, N° 64, ps. 56/59, Buenos Aires, junio 1979.
(3) “Caso Llanca- Análisis retrospectivo de un contacto”, edic. especial, UFO Press, ps. 1/13, Buenos Aires, marzo 1979; Cfr.: Roncoroni, Guillermo. “El caso Dionisio Llanca”, edic. especial, CIU, Buenos Aires, mayo 1983.
(4) Ribera, Antonio. Un caso perfecto, Plaza & Janés, E. de Llobregat, 1975. Poher, Claude. “Un perfecto fraude”, en rev. UFO Press, N° 7, ps. 11/16, Buenos Aires, abril 1978.
(5) Papers d’ ovnis, Barcelona, N° 9, II época, mayo-junio 1998, p. 19.