LOS PROFETAS DE LA ANTIUFOLOGÍA. UNA MIRADA ATENTA Y RACIONAL DE FERNANDO LEFEVRE

Estimados:

Tengo el gusto de presentar un artículo reflexivo, valiente y crítico sobre una mirada diferente de la situación actual de la ufología desde las redes. Sobre todo a partir de los últimos acontecimientos a los que nos tienen acostumbrados ciertos creadores de contenidos del mal llamado Lado B de la ufología. Este epíteto usado de manera sofista por ciertos programas y sus moderadores, ha sido usado demagógicamente en aras de echar por tierra una ufología abierta, pero sin embargo crítica, acerca de la manipulación de información en varios campos de la temática, llevando aguas para sus propios molinos. Es cierto que el público en general elige aquello más impactante, lo cual no es malo en sí, pero todos merecen que se les presente otra mirada más cercana a los hechos, sin que por ello les prive de la magia del misterio.

Es cierto que hay programas de contenido interesantes, abiertos, y de calidad. pero también es cierto que en aras de mayores vistas algunos otros redoblan la apuesta con material bizarro, tendencioso  y mezclado con ataques personales para quienes creemos que el disenso es algo sano y no debería entrar en lo personal.

La enorme irresponsabilidad de algunos mal llamados profesionales en este ámbito suma a un panorama desalentador. Creo que todos nos merecemos una ufología que de verdad investigue, cree conocimiento y apunte, no a oscurecer el fenómeno para favorecer fines particulares u obtener más vistas solamente, sino a aportar claridad, franqueza y una mirada alternativa.

Por eso les dejo una interesante reflexión sobre el problema de la antiufología no puede faltar. Es así como aparecen referentes ocultados, olvidados, que han tenido y aún tienen una alta trayectoria. Entre ello luis Burgos y el propio Fernando Lefevre. 

Somos muchas más de uno los que nos encolumnamos en este objetivo y espero que la racionalidad, un espírtu abierto con sed de saber, apunte a lo maravilloso volando en las alas del real descubrimiento.

Un saludo a todos.


¿Hay alien ahí? Los profetas de la Antiufología

Fernando Lefevre 31/07/2026

(O cómo la expansión de nuestra decadencia cultural se refleja en todos los quehaceres de nuestra sociedad)


 «..Y cada vez que el canillita trae/ noticias del final/

Parece asegurar/ que sólo por amor/ nadie vende

diarios.»

Transformación, Serú Girán.


Hace cuarenta o cincuenta años, nuestra relación con el entretenimiento y la información era completamente diferente. No existía Netflix, había apenas dos o tres canales de aire, la radio AM concentraba una mayor cantidad de audiencia frente a la televisión, que comenzaba a dejar de gatear para empezar a andar con pasos inseguros y si alguien quería ver una película tenía que ir al cine. Las opciones eran mucho más reducidas y en este mundo donde los canillitas boceaban en pantalones cortos las últimas noticias en cada esquina, con la sexta edición de la tarde apretada bajo el brazo, la lectura ocupaba un lugar central como forma de ocio.

La gente leía. No necesariamente todos leían literatura de alta calidad ni tenían una formación intelectual elevada, pero la lectura formaba parte de la vida cotidiana. Una persona sin inquietudes leía una historieta pasatista como Patoruzú, un diario o El Gráfico. No era una cuestión de consumir grandes obras, sino de estar en contacto con la palabra escrita. Había otro tipo de formación cultural y otro ritmo de incorporación de información.

 La sociedad actual ya no funciona así.

Las redes sociales modificaron la forma en que las personas consumen información y entretenimiento.

Hoy gran parte de la población pasa horas scroleando reels, fragmentos de contenido diseñados para captar la atención durante unos pocos segundos. El predominio de este formato rápido genera una cultura donde cada vez resulta más difícil sostener la concentración sobre ideas complejas.

Esta transformación cultural atraviesa todos los ámbitos de la sociedad y la ufología no es una excepción, sino un quehacer cultural, una expresión de las inquietudes y obsesiones de una época determinada. Por eso, como actividad periférica también refleja los cambios que se producen en el seno de nuestra sociedad.

Durante décadas los ufólogos, con sus aciertos y sus errores, intentaban realizar un trabajo de análisis. Buscaban respuestas frente a un enigma que consideraban fascinante. Existía una intención de comprender un fenómeno que planteaba preguntas profundas sobre la realidad y sobre nuestro devenir como especie. Hoy esa forma tradicional ha sido desplazada. Vivimos en el tiempo de la antiufologia. El objetivo de muchos de sus referentes actuales no parece ser la investigación de un fenómeno, sino la construcción de comunidades, la creación de una marca personal y la consolidación de una identidad pública.

Esto está directamente relacionado con la lógica de las redes sociales, donde la exposición se convirtió en un valor en sí mismo. En esta cultura de la autopromoción cualquiera puede transformarse en artista, escritor, músico, performer, influencer. O abducido. La importancia ya no está necesariamente en el conocimiento acumulado o en el talento, sino en la capacidad de generar seguidores y mantener una audiencia fiel.

Los relatos en primera persona han pasado a ser el eje alrededor del cual se teje esta imbricada red de estímulos emocionales. "La experiencia individual pasó a ocupar el centro del fenómeno y el testigo se convirtió en una figura que no puede ser cuestionada. Poner en duda su relato, analizar sus inconsistencias o plantear explicaciones alternativas muchas veces es interpretado como una agresión hacia la persona que lo cuenta y esto astutamente es utilizado para victimizarse y reforzar el sentido de pertenencia de la comunidad que gira en torno a estas figuras polémicas".

Esta dinámica ha provocado un daño profundo en la ufología, porque una disciplina basada en la búsqueda de respuestas necesita de la duda metódica y del análisis. Cuando el relato se sacraliza y la figura del testigo queda por encima de la investigación, el fenómeno deja de ser estudiado y comienza a ser consumido.

Ojo, tampoco se trata de hacer una oda a la ufología clásica, ahí también había egos, mediocridad y altas dosis de fantasía. También endiosaba a chantas de media suela y tenía bastante de entretenimiento bobeta. La ufologia clásica generó en buena medida el mito de los ovnis extraterrestres. Pero también tenía ese sentido de búsqueda trascendental que hoy se ha perdido y algo tan o más importante: Como decía Eco: "Al imbécil del pueblo antes sólo se lo escuchaba en el bar. Hoy tiene 100.000 seguidores en su página. Y ya no hablamos del imbécil del pueblo, sino de ejércitos de idiotas que hacen un culto de la vanidad".

Muchos de los referentes actuales ( los que no son testigos estrella, sino los coroneles Parker de éstos) se llaman a sí mismos divulgadores y organizadores de eventos y esquivando el rótulo de investigador generan un blindaje ante las críticas que suscita esta fascinación posmoderna por la multiplicidad de «verdades» y la falta de jerarquías.

 -¡No existen los hechos, sólo las interpretaciones!, nos gritan en la cara los nuevos/viejos «emisarios del engaño», olvidando que si estuvieran en los cierto eso mismo constituiría un hecho. Y un hecho digno de estudio.

Estos referentes incurren además en un acto de irresponsabilidad muy peligroso, ya que algunos de los que afirman haber vivido hechos extraordinarios, muchas veces necesitan contención profesional, más que ser alentados y festejados por lo que quizás (sólo quizás) sea una forma de exteriorizar una patología.

Pero claro, los insensibles son quienes cuestionan los relatos, no los que explotan a estas personas, que muchas veces sólo disfrazando de eventos fantásticos sus traumas es que pueden lidiar con ellos y expresarlos.

Esta gente parece olvidar que cuando uno se asoma a observar el abismo, el abismo también lo observa a uno.

 

Fernando Lefevre

 

Fernando Lefevre es escritor e investigador argentino, miembro de FAO desde 2020. Sus artículos han sido publicados en medios digitales nacionales y del exterior. Colaborador de la Revista de Ufología de Sevilla y miembro de Anomalist del prestigioso Vicente Juan Ballester Olmos.

 

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